El Mundial Sub-18 Femenino de Balonmano, que actualmente se disputa en Rumanía, está dejando imágenes que invitan a la reflexión y al debate dentro del panorama deportivo internacional. Lo que se esperaba como una fiesta de la juventud y el talento, se ha convertido también en un escaparate de diferencias abismales en los marcadores, llevando al extremo la ya de por sí compleja naturaleza de las competiciones de élite.
Hasta antes de esta edición, el récord histórico de diferencia en un partido de esta categoría lo ostentaba la victoria de Corea sobre Canadá por 66-17 en 2024, una brecha de 49 goles. Sin embargo, en apenas una semana de competición, ese lamentable registro ha sido superado en cuatro ocasiones distintas, poniendo de manifiesto una desproporción inusual en un evento de esta magnitud.
El principal protagonista de esta serie de resultados ha sido Fiyi, una selección debutante proveniente de un país insular oceánico de un millón de habitantes. Su nivel, inusualmente bajo para los estándares de un campeonato mundial, ha desatado una ola de goleadas históricas que cuestionan la estructura actual del torneo y la conveniencia de este tipo de encuentros.
La Cruda Realidad de los Marcadores Apabullantes
Los correctivos que ha recibido la selección de Fiyi no solo han sido severos, sino que han escalado a niveles que obligan a reabrir una conversación necesaria en el deporte: ¿tiene sentido mantener partidos con diferencias tan abismales? Para los aficionados y para el propio desarrollo de las jugadoras, presenciar marcadores tan dispares genera más dudas que entusiasmo.
El desfile de tundas para Fiyi comenzó de manera contundente. Frente a una potencia como Francia, el resultado fue un escandaloso 55-2, con una diferencia de 53 goles. Poco después, Croacia amplió la humillación con un 67-4, llegando a los 63 tantos de ventaja. Pero fue ante Egipto donde se pulverizaron todos los registros conocidos, con un 83-17 que marcó una diferencia de 66 goles, un hito tristemente histórico para el balonmano juvenil.
Incluso en la fase de la President’s Cup, que agrupa a los equipos que luchan por las posiciones 17 a 32, la tónica no cambió. La República Checa infligió un 58-6, sumando otros 52 goles de diferencia. Estos números no solo son fríos datos; son el reflejo de una realidad que exige una intervención por parte de las autoridades del balonmano.
Un Duelo de “Cenicientas” con Final Predecible
Lo más llamativo de esta dinámica se vivió en el denominado “duelo de cenicientas” del torneo, un encuentro que enfrentaba a Fiyi con México. Las mexicanas, que hasta ese momento habían perdido sus cuatro partidos anteriores por más de 20 goles de diferencia, lograron imponerse a Fiyi por un contundente 39-12. Esta victoria por 27 goles, aunque no llega a los niveles estratosféricos de otras, sigue siendo una goleada en un deporte como el balonmano y evidencia la enorme disparidad de nivel de Fiyi incluso frente a equipos con un rendimiento modesto en el torneo.
Para México, esta victoria representó un respiro y una inyección de moral antes de sus próximos compromisos, donde se medirán a Canadá, otra selección que ha tenido un paso discreto por el campeonato. Por su parte, Fiyi se prepara para un nuevo desafío contra Uruguay, con pocas esperanzas de ver un cambio radical en su fortuna.
¿Qué Aprender de una Derrota Histórica?
La pregunta fundamental que surge de esta situación es qué aprendizaje positivo pueden extraer las jugadoras fiyianas de estas experiencias. Si bien la ilusión de competir contra los mejores del mundo es un motor innegable y el derecho a participar tras una clasificación zonal es legítimo, la realidad en la cancha parece ofrecer poco en términos de desarrollo técnico, táctico o incluso mental ante rivales tan superiores. Es difícil asimilar conceptos o construir confianza cuando la diferencia es tan marcada.
La Federación Internacional de Balonmano (IHF) debería tomar nota de lo que está sucediendo en Rumanía. La integridad y la calidad competitiva del torneo están en juego. Urge reabrir el debate sobre la posibilidad de implementar un Mundial ‘B’ o alguna otra fórmula que permita a selecciones con menor desarrollo competir en un entorno más equitativo, donde puedan medirse con rivales de su nivel, adquirir experiencia valiosa y crecer sin la sombra de goleadas tan sonrojantes.
El aficionado al deporte busca emoción, competencia y partidos disputados. Estos resultados no solo restan espectáculo, sino que pueden desmotivar a las jóvenes promesas y a los países emergentes en el balonmano. La reflexión es clara: es momento de buscar soluciones que equilibren el espíritu de inclusión con la necesidad de ofrecer una competición justa y constructiva para todas las participantes.
Una Llamada a la Acción para el Desarrollo del Balonmano
El Mundial Sub-18 en Rumanía ha puesto sobre la mesa una realidad ineludible: la brecha de nivel en el balonmano juvenil femenino es considerable en ciertas regiones. Si bien la participación global es fundamental para el crecimiento del deporte, la forma en que se estructura la competición debe garantizar una experiencia enriquecedora para todos los involucrados.
Esperamos que los encuentros venideros sirvan para que las selecciones puedan mostrar su mejor cara y que la IHF tome las medidas necesarias para que futuras ediciones ofrezcan un escenario más equilibrado, donde la pasión por el balonmano y el desarrollo deportivo juvenil sean los verdaderos protagonistas. En TELELATINO, seguiremos de cerca la evolución de este importante debate y las acciones que se tomen para asegurar un futuro más prometedor para el balonmano femenino mundial.