El pádel explota, pero el profesionalismo femenino aún tiene techo

El pádel no para de crecer. En los últimos años, el deporte ha pasado de ser una moda pasajera a un fenómeno global con más de 35 millones de practicantes en todo el mundo. Mercados como el estadounidense o el asiático se perfilan como los nuevos frentes de expansión, mientras que en Europa —especialmente en España— el pádel ya es un referente en el ocio y la competición. Sin embargo, detrás de este auge hay una realidad que pocas veces se menciona: el profesionalismo en el pádel femenino sigue siendo un lujo al que solo unas pocas pueden acceder.

Aranza Osoro, una de las caras más visibles del circuito femenino, lo dejó claro tras su victoria en cuartos de final en Pretoria junto a Ale Salazar. La jugadora, conocida como ‘la vikinga’, reconoció que las deportistas que ocupan puestos más allá del top 50 no pueden vivir al 100% del pádel. “Tienen que seguir trabajando o dando clases para llegar a fin de mes”, explicó en declaraciones recogidas por Mundo Deportivo. Su reflexión no es un lamento aislado, sino un reflejo de una estructura que aún no está preparada para sostener económicamente a todas las competidoras.

¿Por qué el pádel femenino no es sostenible para todas?

El pádel profesional femenino mueve menos dinero que el masculino. Aunque el circuito Premier Padel ha dado pasos importantes en igualdad de premios y visibilidad, los patrocinios, los sueldos y la frecuencia de torneos aún no alcanzan el nivel necesario para que todas las jugadoras puedan dedicarse exclusivamente a competir. Según datos del sector, solo las 50 primeras del ranking mundial pueden permitirse vivir de este deporte sin necesidad de complementar sus ingresos con otras actividades.

Osoro, que en 2024 ha dado el salto a la élite tras años en el circuito amateur, destacó que el crecimiento del pádel es imparable, pero requiere paciencia. “Hay que seguir trabajando para que, poco a poco, haya más chicas que puedan dedicarse al 100% al pádel”, afirmó. Su mensaje no es de resignación, sino de esperanza: el deporte está en expansión, pero aún queda camino por recorrer para que la profesionalización sea real para todas.

El apoyo del pádel masculino: un pilar fundamental

Uno de los aspectos más destacables de las declaraciones de Osoro fue su reconocimiento al pádel masculino. “En muchas ocasiones, hemos tenido su apoyo para seguir creciendo”, comentó. Esta colaboración no es casual: en un deporte donde la visibilidad de las mujeres ha sido históricamente menor, el respaldo de figuras masculinas —tanto en torneos como en patrocinios— ha sido clave para impulsar el circuito femenino.

Ejemplos como el de Paula Josemaría, pareja de Ale Salazar, o Ariana Sánchez, que compite en el circuito masculino para ganar experiencia, muestran cómo el pádel está rompiendo barreras. Sin embargo, el reto sigue siendo crear estructuras propias que permitan a las jugadoras vivir de su deporte sin depender de apoyos externos.

El futuro: más torneos, más patrocinios y más igualdad

El pádel femenino está en un momento crucial. El Premier Padel ha incluido más torneos en su calendario y ha aumentado los premios, pero aún queda mucho por hacer. Osoro apuesta por un crecimiento sostenido: “Va a haber para todos, pero hay que tener un poco más de paciencia”. Su optimismo se basa en datos: el número de practicantes sigue aumentando, y con ello, la base de talento que podría nutrir el circuito profesional.

Para que el cambio sea real, se necesitan tres pilares:

  1. Más patrocinios específicos para mujeres: Marcas que apuesten por jugadoras no solo como imagen, sino como deportistas de élite.
  2. Torneo más frecuentes y mejor distribuidos: Que las jugadoras puedan competir con regularidad sin tener que desplazarse a lugares lejanos o asumir gastos elevados.
  3. Estructuras de apoyo: Desde becas hasta programas de formación que ayuden a las deportistas a profesionalizarse desde edades tempranas.

¿Qué significa esto para los aficionados?

Para los seguidores del pádel, esta realidad es un recordatorio de que el deporte no es solo espectáculo, sino también un reflejo de las desigualdades que aún persisten en el deporte femenino. Ver a Osoro, Ariana Sánchez o Bea González luchar por sus sueños en la cancha es inspirador, pero también es un llamado a exigir más a las instituciones y a las marcas.

El pádel femenino no está en crisis, está en construcción. Cada victoria, cada nuevo patrocinio y cada torneo con mayor audiencia son pasos en la dirección correcta. Pero mientras el top 50 pueda vivir del deporte y el resto tenga que compaginarlo con otros trabajos, el desafío sigue siendo el mismo: hacer del pádel un futuro viable para todas las jugadoras.

En TELELATINO seguiremos contando esta evolución, porque el pádel no es solo un deporte, es una comunidad que crece —y que aún tiene mucho que demostrar.